jueves, 30 de agosto de 2018

MUERTES TRAGICAS : HOY CRISTINA ONASSIS

El 12 de octubre de 1988 Cristina Onassis emprendería un viaje cuyo destino final era la Argentina, pero antes de hacer las valijas y sin motivo aparente, la hija del magnate griego redactó de su puño y letra en Ginebra un nuevo testamento. Nombró a su hija Athina heredera universal e incluyó a su ex marido Thierry Rousell cuyo emporio familiar estaba al borde de la bancarrota, donde finalmente terminó los laboratorios medicinales fundados por su abuelo.


Nadie se explicaba el por qué de la decisión de aquel día, pero la vocera de entonces de la Fundación Onassis –Stephanie Hadjiltilis- admitió que el nuevo documento preparado de urgencia a pedido de Cristina fue guardado ese 12 de octubre en la caja de seguridad de la fundación creada por Aristóteles.
Quienes estuvieron en la Argentina investigando su muerte dijeron que su vida nunca fue igual después del traspié matrimonial y algunos otros momentos turbios vividos con un empleado ruso a quien conoció mientras estaba radicado en Londres y que terminó siendo un agente de la KGB. Y marido casual de la infortunada mujer.



Llamativo: antes de viajar a la Argentina, Cristina Onassis redactó un nuevo testamento y, ya en el país, llamó al Arzobispo de la Iglesia Griega para darle detalles acerca de su entierro, por si llegaba a morir prematuramente.


Los dos agentes de la INTERPOL -con sede en Atenas- que visitaron la Argentina en noviembre de 1988 fueron Nicolas Tasssiopoulous y Iacopulus Satirios. Vinieron con la misión de recolectar toda la información disponible acerca de la muerte de la heredera de Aristóteles.


Les llamaba la atención que en nuestro país nadie se preocupara (por lo menos nadie en la Justicia ni en los órganos oficiales de seguridad) por el hecho de que dos médicos que vieron el cadáver –Arturo Granadillo Fuentes y Horacio Pueyrredón- se negaran a firmar el cerificado de defunción sin constatar previamente las causas del fallecimiento.


Además el cuerpo fue trasladado en una ambulancia de Unidad Coronaria a la Clínica del Sol, donde fue colocado en una habitación y no en la morgue, como correspondía. Pasar el cadáver de una juridicción de Provincia de Buenos Aires a Capital Federal sin orden del Juzgado es un delito que los jueces que tomaron intervención dijeron en su momento la frase clave para ocultar los hechos: “Investigaremos hasta las últimas consecuencias”.


Volviendo a la dudosa relación de Cristina con el ruso Serguei Kausov, el informe confidencial al que tuvo acceso minutouno.com menciona un comportamiento extraño de diversos delegados permanentes de la entonces Rusia soviética en la Argentina alrededor de la llegada al país de Cristina Onassis.



Una hipótesis indica que la sirvienta de Cristina Onassis le llevó la pócima fatal o la aguja con el contenido que le provocó un paro cardíaco casi instantáneo.    


Dice el dossier: (...) el agregado consular Iouri Krasnov supervisó el ingreso a la Argentina de un número no determinado de agentes soviéticos que (...) se dispusieron en las residencias de los secretarios del Embajador... y la zona en que el informe se atreve a señalar la sospechosa incursión de los soviéticos en Buenos Aires el redactor sostiene: “entre este grupo están los sospechosos de hacer el acercamiento a Eleni Syrros en la hipótesis de que se supervisó que la sirvienta de Cristina Onassis fuera la encargada de llevar la pócima fatal o la aguja con el contenido no determinado cuya aplicación produce la muerte casi instantánea por paro cardíaco...”.


Intereses petroleros que pudieran afectar a la entonces Rusia de los soviets se podrían perjudicar –dice el hallazgo documental de minutouno.com si Cristina Onassis hubiera decidido manejar su imperio desde Buenos Aires. Son hipótesis, conjeturas que una vez caído el Muro de Berlín jamás se podrán despejar, pero escritas por oficiales de inteligencia del gobierno de Raúl Alfonsín en marzo de 1989.

El arzobispo ortodoxo de la Iglesia Griega Gennadios Chrysoolakis recibió horas antes del fallecimiento de la hija de Ari una llamada de la infortunada mujer quien le encomendó –por las dudas- los detalles que quería en su entierro en caso de morir prematuramente.


“Yo era su confesor, éramos muy amigos y los detalles no son para hacerlos públicos”, dijo en su momento el religioso sin negar que dicha comunicación existiera realmente.



Se supone que, si la hija de Aristóteles Onassis decidía manejar su imperio desde Buenos Aires, se verían afectados importantes intereses petroleros.    


La joven periodista de la revista Gente, Marcela Tauro, fue la última en entrevistarla antes de su fallecimiento. Cristina le dijo: “Vine (a la Argentina) porque en Ginebra estaba deprimida. Me sentía mal, sola, triste. No soportaba el frío, la lluvia, quería estar un poco con mi familia postiza (así llamaba a los Dodero).


Una mujer cuya fortuna rondaba los 2 mil millones de dólares yacía muerta en una bañera del Tortuguitas Country Club. Un misterio pronto olvidado como otros tantos en la Argenina que hoy cobra nuevas dimensiones merced al informe exclusivo obtenido por minutouno.com. Y otra muerte que no fue tan casual como se quiso hacer creer en su momento adquiere a partir de ahora una nueva explicación que no es la historia oficial escrita hasta el presente.

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